lunes, 25 de mayo de 2009

Todo demasiado confuso.

Creo que seguía en la Carrera de Actuación, pero en lugar de esas personas estaban mis compañeros de 1º medio.
No recuerdo bien qué me ocurría, sólo sé que me sentía terrible, estábamos en lo que era la fusión entre un supermercado y un vestidor. Yo estaba acurrucada contra una pared, dándole la espalda a todos. Con un par de compañeros no habíamos presentado una tarea, y los demás estaban molestos, especialmente una, que no dejaba de vociferar lo injusto que era que ellos hubieran tenido que cantar y nosotros no. Hasta que me levanté del rincón en el que estaba y poniéndome frente a ellos, les grité de vuelta:
- Se quejan de que tuvieron que presentar, de que es injusto, pero ¡injusto es que uds. hayan podido cantar y nosotros NO! ¡ESO es lo injusto!
Porque de eso se trataba, del canto. No había alcanzado el tiempo, nada más, para que el curso en su totalidad mostrara la actividad. Después de eso, volví a mi rincón y seguí en posición fetal, dando la espalda a los demás.

Comenzaron a retirarse y siento que alguien se acuesta a mi lado, y me voltea suavemente apoyando mi cabeza en su pecho. Era una compañera de la misma época, de la cual no he sabido en años. Necesitaba tanto que alguien lo hiciera, pues el sentimiento que me carcomía en ese momento era intenso y doloroso. Es entonces cuando toma mi rostro entre sus manos, lo mira y acaricia cariñosamente con sus pulgares, y me besa.
Fue un beso breve pero tierno, me mira sonriente, y desaparece. En el momento en que ella me besó no pude evitar pensar inmediatamente en Oliver, en lo terrible que sería para él cuando se lo dijera. Me pregunto si él habrá pensado en mí también cuando besaba a las otras.

Me levanto y estoy en una casa ajena, me había estado alojando allí y ya era momento de regresar a mi hogar. Mis padres me esperaban afuera, mientras yo terminaba de recoger mis cosas. Voy saliendo y caigo en la cuenta de que he olvidado algo. Me devuelvo, y cuando me apresuro a salir nuevamente, la puerta de la habitación se cierra, y al abrirla me da paso a otra dimensión. Una dimensión oscura y siniestra. Cierro la puerta nuevamente, pero por cada apertura, se abría hacia un lugar distinto. Cuando por fin logro que abra hacia el corredor de la casa, mis padres se habían ido. Corro hacia la puerta principal y salgo al pórtico tratando de gritar o algo, e instintivamente tomo mi celular y apreto los botones de memoria para llamarlos y que vuelvan por mí, pero no funciona. No comprendo por qué no funciona, y afuera está demasiado oscuro. Lo acerco a la débil luz de la única ampolleta, y descubro que se ha desprendido la batería. No tengo idea dónde ha podido caer, o desde hacía cuánto se había perdido.

Corro al interior, y me detiene la dueña de casa, quien me dice que me tranquilice, que ya iban a ir ellos a mi casa y me llevarían, que me fuera a dormir. Yo no pude decirle que no quería volver a aquella extraña habitación, pero fui de todas formas. Ya dentro, sosteniendo la puerta, busqué algo que utilizar de tope, pues ya sabía que si esa puerta llegaba a cerrarse no tendría idea de cuánto tardaría en salir nuevamente. Un cojín: no funcionó, muy blando. Una pequeña cajita: resbalaba con facilidad. Al final salí de nuevo y merodeé por la casa. Me dirigí a la cocina, y de la nada, llegó la familia entera a servirse algo antes de partir. Eran alrededor de las 2, 3am. Todo demasiado confuso...

En eso me desenredo de las sábanas, y miro el reloj. Son casi las dos de la tarde.
Vaya sueño.