lunes, 16 de febrero de 2009

Hoy llamó la polola de mi hermano a la casa, y mi madre contestó el teléfono. Hablaban ultra cordialmente, y mi mommy decía cosas como, "¿Qué, mi niña?" y etcéteras... Y, de la nada, me vino como una angustia tremenda... O, más que angustia, como... pena. Sí, eso era: me dio pena.
Pensaba en lo mucho que me gustaría MI suegra me tratase así, con cariño, o mínimo un hálito de cordialidad, pero eso no pasa. Ni va a pasar nunca. Equis de.
¿Qué va a tratarme bien, si la última vez que me aparecí por allá me echó de su casa? Más equis de.

Y, para variar, volvió el segmento de Cuestionamiento, donde lo que más resaltan son las desgracias y las penas causadas en esta larga relación. En definitiva, los Contras. Preguntándome cuánto valía la pena seguir.
Entonces apareció. Y todo fue tan dulce...

Así que lo he decidido. Seguir intentando, y seguir adelante.
Porque las cosas han estado bien últimamente (en general, omitiendo mis procesos mentales), y me siento muy feliz cada vez que estamos juntos. Porque me hace sentir bien, me trata bien, y pienso aprovecharlo.

Y porque si no me convenzo yo misma, ¿quién lo hará?
Todo jala hacia el otro lado, pero ya da lo mismo. Porque cada vez que estoy con él, todas mis dudas desaparecen. Supongo que son esos momentos los que cuentan, y no aquellos en donde no está para recordarme lo bien que me siento cuando estoy junto a él.

Y, aunque quisiera tener una suegra tan adorable como es mi mamá con mi cuñada, supongo que habrá que conformarse con "lo que hay". Que se joda esa vieja desagradable. Total, no tengo que verla nunca más si no quiero.

EQUIS DE.