Juramentos. Palabra de honor.
Durante mucho tiempo creí en estos pactos verbales que prometían una lealtad; una realidad. Que prometían que algo, al menos, duraría. Que algo permanecería intacto al pasar del tiempo y los años.
Pero me equivoqué. ¡Y de qué manera me equivoqué!
Tantas palabras, tantas promesas... Rotas. Todas rotas. Ninguna de ellas impidió que lo malo ocurriera. Ninguna de ellas sirvió. Entonces, ¿para qué hacer unas nuevas? ¿De qué sirven las promesas? Si no evitaron desgracias, ¿por qué pensar que ahora lo harían?
No van a ayudar en nada. No van a evitar que las personas que más quiero me traicionen. No lo hicieron antes, y no lo harán ahora.
Supongo que con esto sólo queda entregarse a la voluntad de... las personas. Creo.