miércoles, 24 de junio de 2009

Poisoned.

¿Cómo es posible que algo que se da de forma tan natural no pueda ser?

Hacía mucho que no estábamos completamente desnudos. Yo contemplaba su cuerpo, y él el mío... Me sentí hermosa. Desatada una pasión frenética, guiada por ese amor que sabemos compartimos. Tan agresivo..., tan profundo. Y con tanto sabor a despedida. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que ser de esta manera? Algo tan hermoso, tan prometedor... Arrojado a la basura. No pude perdonarlo. No fui capaz de superarlo, de dejar de pensar en ella, en ellas, en todo lo dicho, todo lo hecho. No tuve tanta fuerza.
Esa rabia... Esa obsesión.
Para ella fue sólo un juego, un capricho; y por un capricho se desmoronó toda una relación. Ella ahora está bien, continúa su vida, seguramente ya olvidó todo lo sucedido (y si no, sencillamente no le importa), y yo sigo aquí, en el suelo, lamentándome y maldiciendo.
Maldiciendo el amar tanto y no poder perdonar. ¡Maldita sea! ¡Maldita ella y su soltura de cuerpo! Su falta de moral, su falta de respeto.
Ella me conocía; sabía que él no estaba libre. Que estaba conmigo, y escogió pasar deliberadamente por encima de todo.

Me envenenaron.

Puta la wea, puta la wea, puta la wea, puta la wea, puta la wea, puta la wea, puta la wea, puta la wea, puta la wea, puta la wea... puta la weona puta.