domingo, 12 de julio de 2009

Domingo.

Hoy el volanteo estuvo malo. Mucho frío y poca gente en las calles.

Aún se me hace raro llegar a casa y saber que no voy a hablarte. Que seguramente revise la ventana del MSN y estés ahí, pero que no haré doble click sobre tu nombre para iniciar la conversación de todos los días. No poder contarte las cosas que hago o pienso durante el día... No contarte, por ejemplo, que me hice una herida en un dedo del pie con la uña, o que me compré un pequeño reloj de bolsillo con forma de corazón el martes pasado, o no poder decirte que el viernes, en el cumpleaños de Cristián, vi a la Claudia Sánchez y que está hecha una vaca (Perdona, Darío). Y decirte de nuevo que aún no comprendo cómo pudo gustarte alguna vez en tu vida (Ja ja ja); entonces tú me dirías nuevamente que creías que era diferente, pero que había resultado una persona nada que ver a lo que habías imaginado. Y seguramente, en mi despecho, te volvería a recriminar: "Igual que las otras".
No es que te odie realmente, es sólo que a veces pienso y me imagino que ya te olvidaste de mí, por un simple "ja ja" que leí en alguna parte. Es re-tonto, pero a veces pienso en eliminarte de todo contacto porque detesto tener la sensación de que estás feliz, de que estés avanzando tan pronto, como si no pudiera ser. Es un pensamiento tan egoísta como el de pretender que me esperes hasta que logre deshacerme de esta rabia, pero no puedo evitar sentirlo. Quizás soy una egoísta de mierd* y todavía no me he dado cuenta.
Pero es la verdad: Pienso muchas veces en el día que debes estar en otra, que no debes estar ni ahí conmigo y que ya olvidaste todas esas promesas que me hiciste. Que es una posibilidad, pero me enfurece aún más, y me hace lanzar "Te odio"s. Que en ésas debes estar afuera con tus amigos, en algún pub, o en alguna casa, coqueteando con otra muchacha, y vuelvo a pensar, "Wow, that was fast".
¡Y es lo terrible del asunto! Que si incluso me esperaras, y yo lograra resolver mis sentimientos, de todas maneras no te creería, al final de todo, que no estuviste con ninguna. Porque, si no hablamos en este tiempo, ¿cómo comprobar que es cierto? ¿Quién me asegura que no besaste o te relacionaste con otras mujeres? Nadie. Es el dilema.

Y entonces todo se vuelve un enredo que parece mejor dejar guardado en una caja de cemento y lanzar a las profundidades del océano. Pero aquí estamos... aquí seguimos.
Es un proceso por el que debo atravesar. Porque, a fin de cuentas... absolutamente NADA malo puede salir de esto.